Archive for November, 2005

Pena

Hoy al llegar de clase al entrar en el portal, estaba mi vecina de enfrente allí tambien. Entré y nos saludamos, y al subir hasta el ascensor, otro vecino estaba esperandonos para subir. Comenzamos a subir y lo típico de ascensor: miradas al techo y todos preguntándose por qué es tan incómodo no decir nada. Todos pensando en por qué si los japoneses pueden estar en silencio durante largos minutos , solo estando los unos con los otros sin que les sea incómodo, por qué a nosotros nos lo parece. ¿Por qué hay que decir algo?
El silencioso viaje se detuvo en el 2º piso para que se bajase el vecino, y mi vecina y yo nos quedamos para subir hasta el 4º piso, donde ambos vivimos. Pensé que el viaje seguiría por los mismos derroteros. Es extraño. He pasado muchas horas de mi vida con esta chica. Tiene 2 años más que yo. Durante bastantes años, mi hermano, ella y yo eramos la tripleta de juegos inseparable. Nos pasábamos las tardes en casa de alguno jugando a lo que fuese. Muchas veces, nos divertíamos con una cinta donde grabábamos nuestras voces, para luego escucharlas. Hacíamos hasta programas de radio. En todo programa de radio hay siempre alguno que imita a gente para hacer la gracia con la voz, así que me tocaba ser a mi el que imitaba a todo el mundo. Supongo que más porque lo hiciese bien, porque ellos no tenían tan poca verguenza. Luego esa cinta se la poníamos a nuestros padres para que viesen lo buenos que éramos.
La verdad es que tengo bastantes flashes e imágenes de esa niñez de nosotros tres. Pero segun fuimos creciendo, cada vez jugábamos menos. Teníamos nuestros propios amigos de clase y no necesitábamos a nuestros vecinos para divertirnos. Así, cada año que pasaba, era un metro más en nuestra distanciación. Entonces pensé ¿cuánto tiempo hace que no hablas con ella? La respuesta es escalofriante, es posible que haga más de un lustro. Alguien que vive a escasos metros, de la que eras inseparable hace unos años y hace lustros que no sé nada de ella. Es algo que me jode especialmente, perder la relación con la gente. Quizá algun día hablemos sobre tiempos pasados, quien sabe.
Entonces, la puerta del ascensor se volvió a cerrar y cuando estaba pulsando nuestro piso, ella me habló. “Bueno… ¿y qué tal todo Jose?” Me llama Jose. Eso significa que me conoce desde hace mucho, o desde hace muy poco. Me giré para hablarle, y allí estaba ella, esperandome con su mirada de pena. No me gusta que me miren con pena. Me recuerda como de malo fue lo que ocurrió. Es algo que pienso todos los días de mi vida, por eso no necesito que me lo recuerden. Además, no sé que responder. No es la primera vez que me pasa. Otros vecinos lo han hecho, incluída su madre. Tambien subiendo en el ascensor dijo “Bueno… ¿que tal Jose? ¿Todos bien?“, y añade su cara de pena. Hace poco en las escaleras, el vecino de abajo dijo “¿Que tal la vida, amigo?“. Es un hombre contento, que suele sonreir y me cae bien. Habla siempre con naturalidad, nunca forzado, y sabes que lo que te dice, no lo dice por llenar un espacio, sino porque quiere decírtelo. Siempre animado. Aquel día le vi llorar a mi lado durante largos minutos. Solo estabamos él y yo en la sala, llorando sin hablar. No nos mirábamos, no nos hablábamos. Nuestras lágrimas llenaban el silencio. Como lo hacen ahora mientras escribo. Soy un mierdas, no puedo hablar de ello sin llorar. Impresiona ver a un hombre de casi 70 años, que mide mas de 1,80, llorar como un niño a tu lado. Siempre que le veo me acuerdo. Aquella imagen le acompañará en mi mente para siempre. Apenas hablamos desde aquel día. Cuando me preguntó “¿Que tal la vida, amigo?“, no supe que decirle. Como a ningun otro vecino. Así que suelo contestar lo mismo “Bien, estudiando“. Sé que no lo hacen por mal, es más, puede que lo hagan por bien. Pero no necesito que me lo recuerden. Y menos, que me miren con pena. No me ayuda. Me ayudó que compartiesen y sintiesen la pena aquellos días. Me hicieron ver que él era mejor persona incluso de lo que yo podría imaginar. Que se conocían más de lo que yo podría creer. Pero ahora quiero la pena solo para mí. Para compartirla con quien yo quiera, cuando yo quiera. Como ahora. Y guardarla en mi interior, y no olvidarla nunca, para no olvidar lo grande que era. Tan grande como la pena. Y para que sepais que cuando lloro, como ahora, lloro para mantenerla. Lloro como cuando la pena nació, aquel día del padre. Lloro como lloraba delante de aquel cristal abrazado a mi prima. Lloro como lloraba por teléfono mientras decía entre lágrimas “…y ni siquiera pudo ver lo guapa que eras…”. Lloro como lloraba solo en mi habitación, con mi tío a un metro de mi, sintiendo más pena que yo. Es normal, le conocía todavía más que yo.

LE ENVIDIO

5 comments November 16th, 2005

Simpleza humana

Mierda. Hace 6 horas que no se nada de ella. Mierda. Hace 6 horas y un minuto que no se nada de ella. Mierda. Se olvidó de mi.

Ando cabizbajo, pensando en lo mal que estoy y en lo difícil que me resulta encontrar chicas. ¿Por qué las necesitaré si ellas no me necesitan a mi? ¿Que soy acaso, un parásito? No podría hacer nada de lo que me propusiera. No soy nadie.

Seguro que ya no se acuerda de mi. Seguro que se aburrió de mi, es normal. No podía seguir eternamente con mis tonterías y mis chistes malos. O metiendome con ella. Llevaba demasiado tiempo sin hacer todas esas cosas. Ella no me dejaba hacerlo antaño, así que me acostumbré a no hacerlo. Como pasar mi brazo por encima de alguien. Algo que veía normal hace casi 2 años (2 años ya…), ahora lo veo casi antinatural. Incómodo de hacer. Me siento inseguro pasando el brazo por encima de alguien. Normal que se aburriese de alguien tan extraño. Decía que era normal pero mentía, estoy seguro.Si le pareciese normal, no estaríamos así. ¿Conoceis a alguien normal? Yo no.

Seguro que le pareció mal algo que hice. Algo que dije, algo que NO dije. Finjo ser tantas cosas, finjo no pensar tantas otras, que al final no sé qué se supone que debo decir y qué no. Eso solo cuando no estoy con ella. Cuando estamos juntos soy yo mismo. Quizá por eso se aburrió. O quizá se dió cuenta del engaño. Se dió cuenta de que no soy un tipo duro. Que soy el mítico perrito faldero que manejar, y que no soy ningun reto para ella, por lo que soy desechable. Las mujeres buscan retos, buscan hombres que dominar, hombres que las superen, quieren conseguir lo que creen que otras no pueden. Da igual como las superen, intelectualmente, marginalmente o frikimente. Hay muchas formas.

Seguro que ha conocido a alguien, es normal. Alguien mejor. Sale mucho, está con gente nueva, es normal que ocurra. Seguro que se conocieron en un local cualquiera, en la peor hora del día. Se liaron y dejaron de lado sus clases y sus amigos para centrarse solo en ellos. Cuando acabó el día, se mandaron SMS’s y perdidas. Pensaban el uno en el otro. Seguro que ella no puede dejar de pensar en él. Estará deseando verle otra vez. Les será sencillo. No hay ninguna pega, él hasta tiene piso propio. Serán novios durante mucho tiempo, acabarán viviendo juntos. Jamás se acordará de mi. O lo que es peor, no serán novios, ella conocerá a muchos otros como ese. Jamás se acordará de mi.

Seguro que…

Mi movil suena. Una perdida de ella. Piensa en mi. Se acuerda de mi.

Ando como el que sabe que le observan. Me observan porque irradio superioridad. Me cruzo con un tío, nos miramos un par de segundos. Me da la risa. ¿Por qué intenta mantener la mirada? ¿Intenta ser mejor que yo acaso? Imposible. Puedo hacer todo lo que me proponga. Puedo dar clases de lo que quiera. Ligarme a quien quiera. Mis movimientos son observados por la gente, ya que saben que así se mueven los ganadores.

Seguro que no deja de pensar en mi. No para de hacerlo desde que nos conocimos. Solo piensa en cuando nos volveremos a ver. Sale para distraerse de sus pensamientos sobre mí, y no martirizarse sobre el tiempo que falta. Es normal, SOY UN DIOS. Si tuviesen que calificarme de alguna forma, me llamarían Superhombre. Mis bromas ingeniosas e inteligentes siguen funcionando a día de hoy. Y eso que estaban olvidadas en el fondo. Pero es igual, me sobro. Me ve como uno más. Odio que lo haga, pero sino no estaríamos así. Las mujeres no quieren alguien especial. Quieren al mejor de los normales. Nunca las entenderé. Lo curioso es que quieren personas especiales como amigos. Quizá porque se sienten mejores, pasando de ellos, si creen que son especiales.

Seguro que funcionó el rollo tipo duro. Es lo que vende. Podrían decirles lo más bonito que alguien les ha dicho nunca, pero prefieren alguien que las trate lo peor que las han tratado nunca. Cada SMS que mandas, es un cm más cerca de la derrota. Cada NO, un cm más cerca de su cama. O de la tuya: tu no piensas moverte para satisfacerla. Ser un tipo duro funciona. Esta vez lo pensé todo bien. Finjí y funcionó. Cuando estamos juntos soy yo mismo, para que, mientras se rompe la cabeza pensando en mi doble personalidad, más tiempo estará pensando en mi. Es todo una táctica perfectamente estudiada. Cada palabra, cada movimiento. Y como dice la canción “El amor no es matemático, pero hay caricias calculadas, y hay versos calculados”. Si realmente supiese lo que me apetece verla, se iría corriendo. No puedo dejar que lo adivine, que se pierda a este Superhombre.

Seguro que por las noches solo piensa en mi. Otros chicos intentan ligársela, pero aunque podría estar con otro, que yo no me enteraría, no quiere. Porque no soy yo. Nunca ha conocido nada igual. Además sabe que si me entero de que está con otro, yo podría irme con quien quisiera. Tiene mucho que perder. Podría liarme con 3 tías el mismo día si me diese la gana.

Seguro que…

Mierda. Hace 2 horas que no se nada de ella. Mierda. Hace 2 horas y un minuto que no se nada de ella. Mierda. Se olvidó de mi.

9 comments November 11th, 2005

Como antes

Hoy voy a escribir como lo hacía antes. Como lo hacía cuando estaba muerto, cuando en una solitaria noche, sin saber qué esperaba ni a quien, venía aquí al blog, a intentar plasmar lo que me ocurría, lo que se me pasaba por la cabeza. Y no es que ya no se me pasen cosas por la cabeza, sino que ya no necesito desahogar mi rabia aquí, afortunadamente. La sigo odiando, y sigue habiendo cosas que no soporto, pero no llegan a tal extremo para necesitar del blog. Supongo que esta página no se escapa a las leyes universales del blogger, que dice que cuanto más interesante es la vida del autor, menos escribirá en él. No es que mi vida sea más amena, pero sí ocurren más cosas que en otras épocas.

Y es que ahora vuelve a mi mente la historia de la pareja que queda para ir al cine. Siempre que quedan, se besan. Siempre que se despiden, se olvidan. Pero al igual que el universo, sus historias son cíclicas y todo vuelve siempre a producirse. Vuelven a quedar para ir al cine, para cenar, y para tomar una copa antes de irse. Finalmente en el piso de ella a las tantas, no ocurre nada. Nunca lo habían pasado tan bien juntos. Él nunca la había deseado como aquel día. Sin embargo, no pudo besarla. Puede que no tuviese cojones, o puede que si la besaba, sería un día más, pero al no hacerlo, recordaría el día en el que se dió cuenta de que no solo estaba con ella por sus besos. Había tardado años en darse cuenta, pero finalmente lo hizo. Para algunos podía estarla utilizando, manipulandola a su antojo, aprovechándose de la situación. Él no lo creía. Aquel día hizo aquello para darse la razón a si mismo, y darse cuenta de lo que él mismo defendía.
Irónicamente, él la llamó al día siguiente para , ahora que ya tenía la razón, poder continuar como hasta el momento. Pero el destino quiso cobrar más por darle la razón y ella no quiso verle. No se han vuelto a ver.

Y es que ahora sé que no puedo ser el tío duro del que hablo. Intentas serlo. Ves que es lo que vende, que el tratar bien a una mujer, solo sirve para que le de más pena el día que te deje. Defiendes la frase de que una mujer es como un boomerang, que cuanto más fuerte le das, con más fuerza vuelve a ti. Planificas como harás las cosas, “esta vez lo haré bien” te dices. No dejaré que me manejen, esta vez no. Pero luego no puedes mantener esa máscara de dureza, porque no eres tu.
Hace poco me dieron la primera visión positiva de las cosas desde hacía mucho tiempo. Me dijeron que una relación no puede marcar. Que no tienen por qué salir todas igual. Y lo más importante, que uno no debe cambiar por ello: si otra aparece, me volveré a enamorar locamente como me gusta hacerlo, y la trataré como en el fondo quiero hacerlo, como se merece, como lo hice la primera vez : sin miedo. No se muy bien que pensar. No se si esa persona tiene razón, o si es que no le han hecho tanto daño.
Ahora tengo miedo. Esa zorra me hace tenerlo. Está siempre presente. Y entonces me hago la pregunta que esa misma persona me hizo “¿Qué prefieres, vivir el mejor año de tu vida, como quisiste vivirlo, o fingir toda una vida haciendo algo que sabes que está mal?” Muchos eligen la segunda opción. Divierte. Merece la pena. Muchas mujeres vienen con esa opción por defecto. Pero , aunque aun no sé cual elegiré yo ahora, les diré a quienes la llevan por defecto: nunca sentireis lo que es completar a alguien. Sufrid, cerdos. Sufrid, zorras.

Ahora vuelvo a sentirme perdido algunas veces, si no sé nada de ella. Me acostumbro rapido a las personas y sus comportamientos. Si cambian, me quedo sin saber que hacer. Nunca me han gustado los cambios. Así que como hice en su día, vuelvo al blog cuando me encuentre perdido. Igual un día seré tan feliz que no escribiré una sola línea. Ó igual un día sea tan desgraciado, que escriba el mejor texto del mundo. Las obras no son de sus autores, sino de las personas que saben provocar sentimientos en ellos. Sin esos sentimientos, no habría obras. Jorge Manrique no habría escrito unas coplas, si su padre no hubiese muerto. Neruda no habría escrito sino se hubiese enamorado. Un hombre triste escribe, una mujer triste camela a un hombre para que él acabe escribiendo pasado un tiempo.
Así que espero, que jamás se me recuerde por lo que escribo. Ahora bien, si un hombre triste escribe, ¿qué hace un hombre feliz?

2 comments November 7th, 2005


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