Como cada mañana
September 23rd, 2008
Mano derecha, bolsillo derecho: móvil. Mano izquierda, bolsillo izquierdo: cartera y llaves. Bono del bus en su sitio. 1, 2, 3 y 4. Lo llevo todo. Joder, apura tío. Todos los días igual. Vas siempre sobrado de tiempo. Todas las mañanas hay un momento en el que piensas “hoy por fin llegaré a tiempo” y acabas liándote con cualquier tontería, para acabar otra vez con las prisas y las carreras.
Cierra la puerta, ponte bien el cuello y el pantalón. Vamos, a la parada a toda mecha. Esto de andar a toda prisa en vez de correr siempre me pareció estúpido. Uno dos, uno dos, uno dos, lo más rápido que puedes. Haces más esfuerzo que corriendo, vas más lento, y la imagen de tropezar y caerte atormenta seriamente tus pensamientos. El dolor sería mucho mayor que caerse corriendo. El dolor psicológico me refiero.
Por fin vas a doblar la esquina. La parada ya está ahí. Si pierdes el bus vas a llegar realmente tarde esta vez. Medito si consultar el movil para ver la hora. Luego pienso que me haría ir más lento unos segundos, y que, para qué sino sé a que hora pasa el bus.
Voy a doblar la esquina para meterme en la calle principal. No debemos de llegar a los 10 grados centígrados, la gente anda con bufandas, guantes y sombreros, pero tu estás apunto de cocinarte en tu propio sudor mientras caminas. Para qué te pondrías la cazadora… si cada mañana te mueres de calor. Por si llueve, supongo. Como si las gotas de lluvia no se fuesen a evaporar al estar lo suficientemente cerca de tu cuerpo incandescente. Fíjate, acabas de inventar la fusión fría. Seguro que así fue como Newton descubrió la gravedad. O quizá iba caminando muy deprisa y se cayó…pero contó lo de la manzana porque era más guay. Nunca lo sabremos.
Mientras entro en la calle principal, mi sentido arácnido se activa. Me giro mientras camino para ver detrás mía y allí lo veo: el autobus se acerca vertiginosamente hacia la parada a la que todavía no he llegado. Ok, plan B. Coge aire. Corre.
Mientras corro intentando esquivar a la gente, la mochila se balancea de un lado a otro como si Gizmo se hubiese pasado con la cafeína. Compruebo, a la vez que intento batir el record de los 100 metros lisos, que la mochila esté bien cerrada, no se vaya a caer algo. Tengo miedo a que se me caigan mis pertenencias, así que cuento otra vez mientras corro. Mano derecha, bolsillo derecho: móvil. Mano izquierda, bolsillo izquierdo: cartera y llaves. Bonobus en la mano preparado. 1, 2, 3 y 4. Lo pienso un segundo, y la gente mientras me ve correr tocando mis bolsillos, debe pensar que estoy haciendo algun tipo de baile tribal, o simplemente estoy poseído por el demonio. Quizá así fue como se inventó la macarena…
Demasiados inventos en una mañana. El maldito autobus amarillo me adelanta mientras la respiración me falta. Rezo porque haya alguien en la parada que lo haga esperar. Parece que tengo suerte y alguien se va a subir. Vamos, sigue corriendo, luego ya veremos que son esas luces que ves. Saco de cuello cual foto finish y llego justo en el momento en el que el autobusero cerraba las puertas. Has tenido suerte hoy. Con la mano temblorosa, mojada, mi cuerpo practicamente en llamas y el sudor cayendo por mi frente, meto el bonobus en el aparatejo hasta escuchar el “clip!”. Venga, ahora solo busca un sitio donde sentarte, no sería de buena educación caerte desmayado aquí en medio. Usa las barras para mantenerte en pie. Agárrate a la vida! No desfallezcas! Oteo un sitio libre y allí me dirijo con mi torpe andar de pato mareado. Me derrumbo, más que sentarme, para poder descansar, pero me doy cuenta de que llevo la mochila puesta. A mi lado, en el sitio de la ventanilla, hay una chica casi riéndose mirándo. Creo que puedo quitarme la mochila sin levantarme, vamos a intentarlo. Consigo quitarme la mochila y empezar a acomodarme por fin. Resoplo una y otra vez intentando recuperar el aliento perdido 1 km atrás. Me seco el sudor de la frente con las mangas de la cazadora y pongo la mochila entre mis piernas mientras mi cuerpo intenta recuperar los 37 grados a la sombra. Miro a mi lado y la chica sigue sonriendo, aunque se gira para mirar por la ventana. Pero, ¿y esta tía?
To be continued…(espero)
Entry Filed under: Copenhague, Relato
2 Comments Add your own
1. D'artagnan | September 26th, 2008 at 11:54 am
Jajajaajaja, podía imaginarte en esos segundos que se hacen eternos… maldito autobús que se empeña cada día en echar una carrerita, pero si todavía está el café con leche a medio tragar!!! A ver si da tregua, que le coge el vicio y ni el jamaicano ese corre tanto!!
Me ha encantado el escrito, así que ya contarás de esa chica…
Besos!!
2. fercivi | September 30th, 2008 at 6:08 pm
Seguro q cuando dices 1 km a la parada del bus es como aquí ir de tu casa al CCC xDD si es que hay cosas q nunca cambian !
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