Lo relativo de la suerte
December 29th, 2008
Me levanto. Tarde. Sobre las 12 y media. Ayer un amigo y yo hicimos sesión de películas hasta bien entrada la madrugada. En realidad lo de las películas es un poco excusa, porque nos pasamos más rato hablando entre nosotros que viendo cosas. El hecho de que por la tarde hubiésemos jugado pachanguita de fútbol tampoco ayuda a que me levante antes. Eso si que lo echaba de menos: jugar al fútbol. Aunque estar totalmente fuera de forma no ayude, me lo pasé como un enano.
Para comer hay preparados unos ricos canelones. Como pronto. Mi estómago sigue acostumbrado a horarios europeos y a eso de la 1-1:30 estoy muriéndome. Aish… los canelones. Mi madre me prepara mis comidas preferidas estos días, sabiendo que no las cataré en algun tiempo y, sobretodo, que hace algun tiempo que no las cato.
Tengo un tiempo para relajarme despues del manjar. Miro con desdén algunas webs, más por costumbre que por interés. Hablo con algunos de mis amigos sobre los planes para esta noche. ¿Esta tarde? Ocupado: tengo una cita.
Cuando te pasas meses y meses rodeado de tíos, empiezas a echar de menos esos detalles que nos diferencian con ellas. No hablo de genitales, ni de cosas importantes. Hablo de esos pequeños detalles, esas cotidianidades que solo ellas hacen. No sé, no sabría decir a qué me refiero en concreto, pero confío en que podais comprenderlo.
Ya no es que eches de menos el ligoteo, el flirteo o tener roces benignos. Que también. Pero los chicos somos tan simples y predecibles que llegas a echar en falta ese típico desequilibrio femenino. Esa forma tan delicada de hacer las cosas. Incluso su forma de hablar, normalmente distinta.
Aquí, mis amigas se encargan de que tenga mi dosis femenina. Aunque es cosa mía conseguir el otro tipo de dosis, siempre insuficiente.
Tras la cita y un agradable reencuentro con un Vigo bonito, hay que empezar a prepararse. Esta noche tengo cena familiar. Tampoco es que haga falta mucho retoque, así que cojo dinero y me voy. Despues de una agradable velada familiar, ahora toca la fiesta con los amigos. Y aunque algunas costumbres hayan cambiado, las personas siguen ahí, así que, ¿qué mas da donde?
Reencuentros con más gente. Días de emociones fuertes. Conozco gente nueva también. Gente que cree que soy nuevo por allí. Que cree que nunca antes había estado en este sitio o en tal otro. Gente con la que me reencontraré la próxima vez que vuelva.
Lo que no cambia es la buena sensación al volver a casa. Ni el cansancio del día siguiente, pensando en que hay que volver a salir esta noche.
Pero mientras estoy tirado en cama, descansando y repasando la noche anterior, me pregunto por qué la gente me dice “qué suerte tienes” cuando hablo de mi vida en Copenague, pero nadie me lo dice cuando hablo de mi vida en Vigo. Quizá es momento de volver y aprovechar mi suerte.
Entry Filed under: Copenhague, Mi vida, Relato
2 Comments Add your own
1. Iria | January 22nd, 2009 at 12:23 am
Es la décima vez que entro y nada uevo… hay alguien poco prolijo!
2. Beni | January 23rd, 2009 at 2:57 am
en esa foto no salgo te odio
Leave a Comment
Some HTML allowed:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>
Trackback this post | Subscribe to the comments via RSS Feed